La historia de Nacho, el catamarqueño que hizo de todo para ir al mundial

Igancio Moya Villagra es un joven entusiasta catamarqueño que luego de recibirse como cheff y emprender su propio negocio de Delivery (Lo de Nacho) fue tentado por un amigo a dejar momentáneamente lo que estaba logrando y viajar a Australia, tierra desde donde este amigo lo llamaba y alentaba a visitar.

El espíritu de aventura de Ignacio (Nacho), parece haber sido más fuerte que la gratificante sensación de seguridad que su próspero negocio le estaba dando y después de ver un par de videos de los impactante atractivos australianos decidió poner su vida catamarqueña en pausa y lanzarse en una aventura transoceánica.
Sin embargo, todo su entusiasmo no resultaba suficiente para evitar las primeras barreas que su viaje ponía por delante; no saber hablar inglés en un país anglosajón le trajo desde las más cotidianas y sencillas complicaciones hasta uno de los mayores problemas para la continuidad de su periplo; mantener un empleo. “Fue un obstáculo, pero me animé y nunca me di por vencido. Al pasar los meses empecé a trabajar; hice mudanzas, fui albañil, jardinero, también vendí juguetes en un mercado pero siempre me corrían por que no podían entenderme. Eso me bajoneaba muchísimo”, decía el joven en diálogo con EL ANCASTI.

Pero frente a las circunstancias y haciendo honor al espíritu entusiasta que dio inicio este viaje, Nacho se propuso firmemente dos cosas: aprender a hablar inglés y trabajar como sea para lograr ir al mundial de Rusia para ver a la selección argentina.

Como en aquellas escenas de película donde el protagonista entrena o se prepara para lograr algo importante, pareciera rodar de aquí en adelante la película de Nacho. En sus propias palabras: “los meses pasaban y mi inglés mejoraba, hice muchos amigos que me dieron una mano en todo, empecé a cantar en bares por comida y bebida y todo iba mejorando”.

Finalmente y en ese tren de mejorías impulsadas por su esfuerzo, Nacho consiguió un sacrificado trabajo fijo como jardinero, que si bien lo obligaba a trabajar unas 15 duras horas diarias, casi sin disfrutar del día, llegando a su casa de noche, nada parecía importarle sabiendo que ese sería, finalmente, su pasaje para alentar a Argentina en otro de los remotos puntos del globo al que su aventura lo lleva. “Cada día me animaba el saber que podía cumplir mi objetivo de viajar a Rusia a alentar a la selección, pasé por cosas duras en las que podía haber bajado la guardia, lo admito, pero no…”, cuenta Ignacio que a esta altura quizá esté más feliz por su capacidad de sacrificio que del viaje al mundial en sí mismo.

Ahora, luego de su tremendo esfuerzo y gracias a su firme convicción, Nacho es uno de los tantos argentinos que tendrán el privilegio de ver a los once argentinos frente al desafío de sacar campeón a Argentina luego de décadas de sequía y una reciente final frustrada. Sin embargo, pase lo que pase con los resultados deportivos, Ignacio puede volver a su casa en Catamarca y decirle a su famila que, a su manera, ya salió campeón.

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